domingo, 5 de diciembre de 2010

Sayonara, Baby!

Sobre el salpicadero, el móvil vibró roncamente, emitió un tono de aviso de mensaje y, tras un milimétrico paseo, volvió a su estado de reposo. El técnico se incorporó lo cogió y pulsó la tecla con el sobre serigrafiado, en la pantalla se mostró un escueto texto:

INC-9669. URGENTE. Nodo 8TS3456 . Fallo comunicación red de control. Reset de interfaz 7COM3GB.

El técnico tecleó el número de identificación del nodo y obtuvo las coordenadas de la central donde se alojaba el mismo. Las arrastró al navegador y, en unos segundos, obtuvo la ruta óptima hasta el edificio donde se encontraba la máquina averiada.

Con desilusión cerró el navegador en el que, hasta ese momento había estado disfrutando, en descarga directa, por enésima vez de la película “Blade Runner”, magistral obra de Ridley Scott que, según creía, era la más lúcida aproximación al mundo que esperaba a la Humanidad a la vuelta de la esquina.

Cerró la pantalla y lo conectó a la base para que volviera a cargar las baterías mientras llegaba a su destino. Desconectó del puerto USB el módem de alta velocidad que había adquirido recientemente y que, en lugar del que le había proporcionado su compañía, le permitía un acceso a la red con un mayor ancho de banda. Ello facilitaba el visionado de películas con las que, como aquella tarde de sábado, mataba el tiempo entre avería y avería. Con un automático ademán lo guardó en el bolsillo del anorak.

Pulsó en el teléfono la opción con la que notificaba la aceptación del mensaje y su desplazamiento al lugar indicado.

Encendió la radio y salió del aparcamiento internándose en la riada de automóviles que llenaban la vía. Tenía sintonizado un canal de noticias en el que, el locutor, repasaba monótonamente las cotizaciones al cierre de la sesión de bolsa del pasado viernes. Cuando pasó a las noticias internacionales, informó que en Afganistán, las tropas de la coalición internacional, en un intento de debilitar a los talibanes todo lo posible antes de la retirada definitiva y de la cesión del poder a las autoridades locales, habían lanzado un brutal ataque en todos los frentes con bombardeos masiv……

El técnico, aburrido del soniquete de una guerra que duraba demasiado, de la que se sabia realmente poco, y que estaba estancada desde hace tiempo, cambió a un canal de música. Echó un vistazo a la pantalla del navegador para comprobar la ruta que debía seguir y continuó conduciendo en medio del caos que la lluvia estaba provocando.

Cuando llegó a su destino, aparcó frente a la puerta, bajó del coche y con la maleta de herramientas y el ordenador entró en el viejo edificio. Subió por las escaleras a la segunda planta, en los edificios vacíos era mejor no arriesgarse a quedarse colgado en los antiguos ascensores, entró en la sala de equipos y se dirigió al centro donde, dentro de una mampara de cristal, inmerso en una atmósfera controlada, miles de léds de colores parpadeaban al son de los torrentes de bits que se desplazaban por su electrónica alma, se encontraba el equipo averiado.

Pasó su identificación por el lector y la puerta se abrió con un leve chasquido, percibió el olor extraño del aire seco y fresco de la sala, entró y la puerta volvió a cerrarse suavemente. En la lejanía, percibió el rumor de los extractores que limpiaban de humedad el aire.

Identificó el equipo y se sorprendió al comprobar que era la primera vez que actuaba en un exarouter de la malla central de la red, por donde pasaban todos los flujos de señalización y que se encontraba conectado con los nodos internacionales que daban soporte a la maraña de redes que todos conocemos como internet, era una parte del corazón que impulsaba la savia digital que alimentaba el planeta. Colocó el ordenador en una ménsula extraíble y lo conectó al puerto de interfaz local. Lanzó el programa de diagnóstico, tras unos instantes, en la pantalla apareció un mensaje:
>>>>>Fallo de comunicación, capa2
>>>>>Reset físico de puerto

Con un pequeña herramienta pulsó, durante tres segundos, el botón de reset. La tarjeta de comunicaciones se apagó y a continuación sus leds parpadearon secuencialmente y finalmente quedaron encendidos, dando comienzo a un baile acompasado con los del resto del equipo. Lanzó nuevamente el programa de diagnóstico, en breve recibió el mensaje que esperaba.
>>>>>Comunicaciones OK
>>>>>Diagnóstico OK

El técnico recogió su equipo, salió de la sala y envió un mensaje a su centro de control para informar de que la resolución de la avería. Al bajar por las escaleras sus pasos resonaron en el desierto edificio, ahogando el runrún de los climatizadores de la sala.

Una vez en la calle, se protegió de la lluvia que arreciaba y entró raudo en la furgoneta. Comprobó la hora, aún restaba media hora del turno, podría terminar la película. Sacó su módem del bolsillo, lo conectó al ordenador y tecleó la dirección del servidor de películas. Al momento, Harrison Ford, herido, colgando de una viga, a merced del Nexus 6, cuya cara ensangrentada era lavada por una lluvia similar a la que caía esa tarde, apareció en la pantalla -“Es toda una experiencia vivir con miedo, verdad. Eso es lo que significa ser esclavo”-, dijo el replicante.

En las montañas al norte de Kabul, en el último bastión talibán, los dos ingenieros informáticos, sumidos en el débil resplandor de las bombillas que iluminaban la cueva, a veinte metros de profundidad, intentaban proteger sus preciados equipos del polvo que caía del techo al son de los zambombazos que la aviación de la coalición internacional estaba lanzando sobre sus posiciones. De repente, una de las pantallas presentó un mensaje enmarcado en rojo, ambos talibanes, incrédulos, se acercaron al ordenador, no era posible que su plan hubiese tenido éxito, felicitándose de alegría leyeron una y otra vez el mensaje:
Nodal Hexarouter 8TS3456
Skynet Activation OK
CountDown 00:00:59

El virus que tanto les había costado diseñar, que habían camuflado en miles de servidores, pero que hasta ahora nunca había conseguido su objetivo, por fin se había activado. El más joven, de rasgos claramente occidentales, fugazmente, dedicó un pensamiento al anónimo ejecutor de su venganza, nunca le conocería. Volvió su atención al contador que iba llegando a cero, entonces, sacó un teléfono móvil de su túnica y marcó, por última vez, el número del general Alexander, responsable de la NSA, el que conservaba de otro tiempo y de otra vida. Cuando descolgaron al otro lado de la línea, escuchó una voz grave, añorada y odiada con igual intensidad, y con tranquilidad replicó:

-Father, I´m Bill,
Sayonara, Baby!!,
See you in Hell-

En ese momento la cueva se vino abajo por el impacto de una bomba anti-búnker que lanzada desde un avión había penetrado hasta el corazón de la montaña.



No hay comentarios:

Publicar un comentario